3º CONGRESO DEL FRENTE TRANSVERSAL NACIONAL Y POPULAR
Este Tercer Congreso del Frente debe ratificar nuestro compromiso con la necesaria construcción de un nuevo mundo y una nueva sociedad para nuestros pueblos. Este Congreso se plantea seguir recorriendo el camino de parir una unidad popular, que nos lleve a un diálogo amplio y plural y nos convoca a reiterar y profundizar convicciones fundamentales sin las cuales no habrá posibilidad de elaborar propuestas y respuestas a los grandes retos del mundo de hoy y de nuestro país.
Tenemos que reflexionar a fondo, saber de nuestro destino como personas, como pueblos y naciones latinoamericanas. No será nuevo, ya lo intentaron los padres de nuestra Patria Grande como Artigas, San Martín, Bolívar, en el mismo momento de nuestra independencia. Es una tarea que debemos promover y realizar: la unidad continental, la unidad económica social, política y cultural de nuestras Naciones.
Los nuevos tiempos de América, nos alientan a retomar ese camino histórico, los acuerdos de unidad económica en el MERCOSUR y en Sudamérica como producto de la presencia de nuevos gobiernos populares y movimientos sociales y populares con autonomía de los poderes dominantes.
Hoy en el mundo y en especial en América, hay claras disputas entre los avances de procesos libertarios, democráticos, nacionales, populares y revolucionarios y la globalización de la economía de mercado que con el soporte militar del gobierno de EEUU nos lleva a la guerra y a la miseria en contraste con la opulencia y la concentración económica de las elites dominantes
Así el 10% de la población del mundo, produce, controla y disfruta de más del 60% de los ingresos y la riqueza. Éste es el orden que impusieron las políticas neoliberales implementadas por el capital financiero internacional respaldado por el poderío militar de Estados Unidos y para eso no dudan en ir a la guerra en Afganistán, Irak o Irán para defender el modelo y los pozos petroleros con la mayor capacidad de reservas del Mundo.
Pero en América del Sur soplan nuevos tiempos y nosotros debemos convocar a la construcción de una Nueva Sociedad. Una sociedad basada en la solidaridad y la igualdad democrática y plural, en donde el pueblo delibere y gobierne en función de sus propios proyectos, valores, intereses, necesidades, aspiraciones y utopías.
Estamos convencidos de que para los países no existen salidas individuales. La globalización neoliberal define modelos económicos, políticos, sindicales, culturales y militares que sostienen el orden imperial. El ALCA y el TLC, son instrumentos anteriores al uso de la violencia por parte de quien se autoproclama guardián del orden global. La derrota parcial en esta parte de América ha sido un avance estratégico y ha brindado una bocanada de aire limpio a los sectores populares que peleamos por un orden nuevo.
Ningún país, por grande que sea, puede por sí solo encarar exitosamente la tarea de la construcción de pueblos libres, justos, democráticos, solidarios, participativos, durable en el tiempo y en el espacio.
Los países ricos que dividen el mundo, en sus acuerdos internacionales sobre flujo de capitales, comercio, inversión, desarrollo de tecnología, control de medio ambiente, rol del Estado, desarrollo y distribución y precios de los bienes de consumo y servicios que se producen, deciden por intereses de estados sobre estados y gobiernos sobre gobiernos que son instrumentados por las poderosas empresas transnacionales, las corporaciones financieras, sus medios de comunicación y las élites locales prebendarias que se benefician con una parte del modelo neoliberal.
La lectura desde el Imperio es muy clara y así lo evidencian las palabras de Henry Kissinger, cuando se lanzó la Iniciativa para las Américas a fines del siglo pasado: “Vienen aquí hablando de América Latina pero esto no tiene ninguna importancia, nada importante viene del sur, el eje de la historia comienza en Moscú, pasa por Bonn, llega a Washington y sigue a Tokio; lo que puede hacer el Sur carece de importancia”.
¿Qué ha cambiado tanto en el inicio del nuevo siglo para el viraje de la política norteamericana para América Latina? En la pelea de EEUU, en la Comunidad Económica Europea, China y Japón, para dirimir la conducción del nuevo orden global e imponer sus condiciones, radicaliza su capacidad de gendarme del mundo, nos lleva a la guerra, para defender sus intereses geoestratégicos y económicos como se demuestra en Oriente Medio.
El mensaje a todos los pueblos del mundo es claro: “por mi capacidad militar puedo intervenir cuando quiera, y destruir cualquier país” en la nueva teoría, después de los atentados de las torres gemelas, de intervención preventiva. Por otra parte, EEUU se debilita, en una pelea entre la derrota de su área por la presura de nuevos gobiernos, que no se subordinan a la estrategia de su patio trasero y mantienen reclamos, canales y de subordinación como es la década de los 90.
Estados Unidos está empantanado en la disputa de un mundo multipolar (Europa, Japón, China y Rusia) y así como Vietnam favoreció la formación de movimientos de liberación en Latinoamérica, ésta nueva aventura guerrerista del imperialismo en Irak, Afganistán y probablemente Irán, tiene al imperialismo ocupado en otras latitudes lo que favorece la conformación de movimientos y gobiernos populares en nuestra región.
El imperialismo ha sufrido una importante derrota en nuestra región a partir de la decisión política de nuevos gobiernos, producto de la lucha de los pueblos contra el proyecto neoliberal impuesto a sangre y fuego en los 70 por las dictaduras militares y profundizado por las democracias formales de los 90 que continuaron las políticas de sumisión y entrega al nuevo orden global desplegado por Washington, el FMI, el Banco Mundial, las empresas transnacionales y gran parte de la dirigencia política, sindical, comunicacional, intelectual y empresaria de nuestros países.
Una decisión política que posibilitó la caída del ALCA en la región en la IV Cumbre de Presidentes de Mar del Plata con el protagonismo de los cinco países integrantes del MERCOSUR y Venezuela que dieron por tierra con las pretensiones de EEUU.
Pero es necesario recuperar nuestra memoria histórica. En nuestro país, el modelo estalló política, económica y socialmente en diciembre de 2001. La ruptura provocada por la movilización popular y las disputas de las clases dominantes para salir de la convertibilidad abrieron una nueva etapa política.
Fue el final de una crisis que se inició en 1955 cuando se empezó a derrumbar el proyecto nacional y popular y de transformación social del Peronismo, que nutrido por diversas vertientes ideológicas provenientes del anarquismo, el socialismo, el comunismo, el cristianismo y el sindicalismo, generó un proyecto sindical, económico y cultural de liberación nacional hegemonizado por la clase trabajadora y el pueblo argentino modelando una sociedad que ponía el acento en el desarrollo del mercado interno con justicia social.
La distribución de la riqueza era sectorial y geográfica a través de un Estado presente que actuaba a favor de los trabajadores y el pueblo, con políticas públicas de protección de los trabajadores, los ancianos y los niños y en el camino de la democratización del poder que aseguraba la justicia social y la liberación nacional. Aquella frase de que la tierra es para el que la trabaja y no un medio de renta o especulación sino un medio de producción, creó las bases de una política alimentaria de soberanía nacional.
El salario era un componente principal del sistema económico ya que éste alentaba el consumo y la producción creando más horas y puestos de trabajo. La salud, la educación y la previsión eran derechos colectivos y la participación popular el reaseguro de esas decisiones.
El Estado intervenía fuertemente en la economía nacional, nacionalizando sectores claves de la economía, el comercio exterior, el transporte marítimo, fluvial y terrestre, las comunicaciones y la energía y desarrollando la industria naval, metalmecánica y automotriz sobre la base del ahorro interno.
Proféticas fueron palabras en la campaña de Cámpora en 1973 “En cuanto a los recursos no renovables, insistimos en una explotación conservativa, en especial para el petróleo y el carbón, puesto que tanto uno como el otro se valorizan varias veces si son utilizados como materia prima para las industrias petroquímicas y carboquímicas. No se deberá descuidar, sin embargo que el hecho de que estas fuentes tradicionales de energía interna, llamadas a ser desplazadas en los decenios que vienen, como ya se nota en los países industrializados por el empleo del desarrollo nuclear dependen aún del exterior en cuanto a provisión de equipos, por deficiencias que debemos resolver”
Así entonces, el estallido del 19 y 20 de diciembre marcó el final de dos etapas políticas combinadas. La primera que se abre a partir del golpe militar del 76 y la segunda que continuó con el menemismo en los 90 y la batalla se dio en dos campos: uno en el marco interno y las estructuras económicas y sociales de privilegio, y el otro a partir de los intereses foráneos. Uno y otro son dos caras de la misma moneda: el Imperialismo. El estallido del 19 y 20 fue un BASTA a décadas de saqueo, ante la traición y el hartazgo frente a un proyecto de desocupación, miseria, hambre y desolación para las mayorías populares. Fue un grito de rebelión Los hechos de diciembre de 2001 no fueron casuales ni de un espontaneísmo súbito.
Fueron el resultado de una sucesión de hechos políticos y de la lucha de nuestro pueblo, que transitó con firmeza diferentes formas de pelea contra la opresión. Los que murieron en la resistencia al golpe del 55, los fusilados de José León Suárez, los perseguidos políticos, los protagonistas del Cordobazo, del Congreso de Huerta Grande y la Falda, los jóvenes que dieron su vida por sus ideales, por una sociedad mejor, los curas tercermundistas, las tomas de tierras del movimiento villero, los 30.000 desaparecidos, el coraje de Madres y Abuelas, las marchas contra los intentos de golpe en la democracia recuperada, la lucha contra la ley de obediencia debida y el Punto Final, los 13 paros generales a Alfonsín, Germán y el Grupo de los 8 contra la privatización y entrega del patrimonio nacional, la lucha d e la CTA contra el ajuste lo cierra, la unidad en el MTA y la CCC, la plaza recuperada después de 5 años de Menem, con la Marcha Federal, la fundación de la CTA y el anuncio del derrumbe del bipartidismo con la aparición del Frente Grande, la carpa blanca docente otro símbolo de la dignidad, la lucha de los mineros de Río Turbio y la toma del ’94, la marcha grande por el trabajo, el piquetazo de la matanza de la FTV y la CCC, el primer convenio colectivo social y la perspectiva de que la nueva fábrica es el barrio y que los desocupados son parte de la clase trabajadora.
Las políticas impuestas a partir de la dictadura militar y el menemismo posibilitaron que el libre mercado permitiera disponer de la única lógica que los sectores concentrados de la economía reconocieron: la mayor disponibilidad de ganancias, menores costos salariales, tributarios, mercados asegurados mediante monopolios u oligopolios y colocación de sus excedentes, en el exterior. Esta transformación se operó por la comunidad de negocios formada entre la oligarquía agraria de la pampa húmeda, las empresas transnacionales y los grupos económicos que crecieron durante la dictadura.
La estrategia fue restablecer el orden capitalista modificando dramáticamente la estructura económica y social para disolver las bases materiales de la alianza entre la clase trabajadora y la burguesía nacional y de esa manera restablecer bases de dominación permanente en el tiempo.
La desocupación, fue un instrumento de disciplinamiento social. La represión de las fuerzas de seguridad y el aniquilamiento de la militancia popular fue una concepción planificada para hacer viable este proyecto.
Ante los Piquetazos Nacionales y la Plaza de Mayo llenos de desocupados y trabajadores, la represión no pudo parar la movilización popular y en un claro avance de unidad popular de ofensiva, se forma el FRENAPO y más de 3.000.000 de votos le dicen no a la devaluación o a la dolarización que proponían las clases dominantes que se disputaban la salida de la convertibilidad y le dicen sí a la distribución de la riqueza nacional.
Y a los pocos días la respuesta de los aciagos 19 y 20 de diciembre: permiso para matar y acuerdo para garantizar la gobernabilidad del sistema. Duhalde por De La Rúa, devaluación de la moneda, pesificación para los bancos, promesas de ajuste de tarifas para las privatizadas. El resultado: más de 6.000.000 de trabajadores por debajo de la línea de pobreza, por la pulverización de los salarios y el golpe inflacionario más un escandaloso rescate del sistema financiero que obliga al Estado y al pueblo a asumir los costos.
Las luchas a nivel mundial contra las políticas neoliberales tuvieron un mojón aquel 30 de noviembre de 1999 cuando decenas de miles se movilizaron por las calles de Seattle contra la Organización Mundial de Comercio hasta hacer fracasar la llamada ronda del Milenio dando inicio a un movimiento alternativo que prosiguió en las Cumbres de los Pueblos, el Foro Social Mundial (FSM), que surgió como una contrapartida al Foro Económico Mundial y se fue fortaleciendo hasta la "sublevación del Sur" en la Ronda de Cancún de la OMC en septiembre de 2003.
En nuestra región, la resistencia en nuestro país que alumbró el 19 y 20 de diciembre del 2001 estuvo siempre acompañada por hechos de levantamiento popular en América Latina: el Caracazo en Venezuela, la lucha por el agua en Cochabamba, Bolivia, las marchas contra las privatizadas en Uruguay, la CUT en Brasil y el surgimiento del PT, el Movimiento Pachakutik de Ecuador, y la lucha de los pueblos originarios, la multitudinaria marcha convocada por el Ejército Zapatista en la Plaza del Zócalo del Distrito Federal de México en el 2001 el mismo día en que México firma el TLC, y la persistente y digna presencia de Cuba, que ante las tinieblas del neoliberalismo que todo lo transformaba en desolación y en derrotas populares alumbraba como un faro encendido semejante a un sol.
Estas luchas se daban cuando el fin del trabajo, el fin de la historia, el fin del socialismo, el fin del Estado de Bienestar, el triunfo del capital sobre el trabajo, el mercado como único camino eran profetizados por empresarios, economistas, intelectuales, financistas, sindicalistas, periodistas. Cuando se nos decía que nuestro único destino era someternos a un supuesto nuevo orden que es viejo y conocido: el orden Imperial.
La ruptura del 19 y 20 de diciembre de 2001 fue una crisis producida por el pueblo en la lucha y la movilización. Pero lo que en estaba en marcha no era un proceso revolucionario, como muchos grupos anunciaban, sino la disputa por la conducción del orden de dominación agotado, con la convertibilidad como modelo de acumulación y distribución de ganancias para las elites.
Así el gobierno de la Alianza que había generado expectativas de cambio frente a la entrega menemista, caía producto de traicionar esas expectativas y profundizar los ajustes perpetuos, el endeudamiento fiscal, el impulso privatizador, aperturista y extranjerizante, la política de la concentración y la desregulación. De La Rúa y la Banelco para flexibilizar el trabajo, la rebaja salarial de los trabajadores, el endeudamiento blindado, la confiscación de depósitos, el regreso como “salvador” de Cavallo, hijo dilecto de los organismos financieros Todo lo que había condenado a la mayoría de la población a la pobreza, a la indigencia, a la desocupación y al hambre condujo a la lucha popular de diciembre produciendo la caída de De La Rua, y el traspaso de poder al Partido Justicia lista.
La discusión era entonces si se salía por la devaluación de la moneda o la dolarización de la economía. La opción por la democracia distributiva no era considerada por el orden institucional.
El movimiento popular que estuvo en la resistencia y derrumbó el consenso en la población con las políticas neoliberales, no pudo avanzar después en el intento por articular una respuesta al que se vayan todos.
En un supuesto pacto productivo, y resuelta la crisis institucional, se instaura en el poder a quien conducía la salida convertible. Duhalde fue el arquitecto del orden, la CGT, que ya con De La Rúa había movilizado a favor de la devaluación, y la UIA se alinearon en esa estrategia. De Mendiguren ingresó al gobierno sólo para garantizar la devaluación.
Los exportadores eran los ganadores. La oligarquía granelera y vacuna, las empresas exportadoras de alimentos y las petroleras, más algunas industrias que colocaban productos en el exterior, conducían la salida de la convertibilidad bajo un denominado pacto productivo. El sistema financiero fue compensado y protegido del colapso, lo que demandó miles de millones de pesos al Estado y pueblo argentino para sustentarlo. Las empresas transnacionales, principalmente las europeas de servicios privatizadas, plantearon la dolarización de la economía para ampliar sus ganancias en dólares y cerrar el monopolio de sus mercados cautivos. Menem y López Murphy, que eran sus representantes, perdieron en esa puja de fracciones dominantes. La promesa fue compensar más adelante con un aumento de tarifas del orden del 30%. La movilizaci&oacu te;n popular impidió completar el acuerdo y cumplir lo prometido al sector de las empresas de servicios públicos privatizadas y postergó el aumento de tarifas.
El beneficio de los sectores exportadores multiplicó en un 300% sus ganancias. Los grupos que fugaron dinero al exterior, y colocaron más de 120.000 millones de pesos en cuentas extranjeras, también se beneficiaron con la valorización financiera. Las empresas que colocaban la producción en el mercado interno utilizaron la inflación para trasladar los costos internos y despidieron personal a fin de aumentar la productividad. Las élites dominantes volvían a conducir el orden económico y modelaron el gobierno y la institucionalidad en su beneficio.
Pero la resistencia había parido fuerzas políticas, sindicales y sociales que no reconocieron el orden que impusieron los sectores económicos aliados con las viejas estructuras de representación política. La movilización popular siguió creciendo y demandando. Ya no se pudo ocultar que la desocupación y la pobreza no eran hechos no deseados del modelo neoliberal sino su consecuencia.
Los más de dos millones de planes sociales fueron arrancados por los piquetes y las marchas del movimiento sindical y un consejo consultivo conformado a iniciativa de la iglesia que impulsó políticas públicas más activas que atendieran la cuestión social. La convocatoria hecha por Duhalde a la manera de una concertación social que reunió a empresarios, sindicalistas y movimientos sociales, era de hecho un reconocimiento de la precariedad institucional y lo latente de la rebelión popular. En este proceso se agudizó la crisis de representación y la Corte Suprema, el Parlamento, los gobiernos Nacional y Provinciales, el Movimiento sindical, la Iglesia, el sistema financiero y económico fueron interpelados por la sociedad.
La movilización popular fue enfrentada una vez más con la represión y la muerte en el Puente Pueyrredón y los asesinatos de Kosteki y Santillán adelantaron el calendario electoral.
Las condiciones impuestas para normalizar al País, eligiendo sólo la fórmula de Presidente y Vice, el rearmado del aparato del PJ sobre la base del clientelismo y de la maquinaria electoral del conurbano manejada por Duhalde y sobre todo la atomización, fragmentación y la falta de una organización y una conducción política que unificara al campo popular, determinaron la salida institucional que era funcional a los intereses de la vieja corporación política.
El Duhaldismo, que en la interna del PJ se enfrentaba al menemismo en la disputa, tanto por el manejo del aparato partidario como por la representación de los intereses del régimen, lograba encarar la normalización institucional Ante la caída de Reuteman y de la Sota en la interna, queda Kirchner que venía trabajando su candidatura presidencial desde la izquierda peronista. Con Menem plantado enfrente, el Duhaldismo acuerda con Kirchner, pensando que el poderoso aparato que manejaba era suficiente para conducir su gobierno.
La derecha intentó infructuosamente que dos candidatos de su espacio -Menem y López Murphy- alcanzaran la instancia del ballotage.
Kirchner llegó a la segunda vuelta impulsado por el duhaldismo y sectores de clase media y movimientos sociales y políticos del conurbano que lo veían como alternativa.
La retirada de Menem de la segunda vuelta tuvo la intención de deslegitimar el proceso electoral y la figura presidencial. El 22% de los votos no era garantía suficiente de gobernabilidad y el fantasma del Chirolita de Duhalde o la encubierta amenaza de que en cualquier momento sería relevado del gobierno por un “dolarazo” o un proceso inflacionario o los conflictos sociales, eran alimentados por el poder económico para condicionar su gestión.
El momento político fue claramente expuesto por La Nación que, como histórico vocero de la oligarquía criolla, intentaba desde su editorial marcar el rumbo del gobierno reclamando el alineamiento automático con Estados Unidos, el cierre de los juicios a los genocidas, la mano dura contra los piqueteros, la contención del gasto público, el nuevo acuerdo con el Fondo y la renegociación de los contratos con las privatizadas. De no hacerlo se profetizaba que los días del nuevo gobierno estaban contados
Con la asunción del Presidente Kirchner cambia el mapa político en esa lucha que dio el pueblo argentino y como quedó demostrado en estos cuatro años de gestión, hay en la Presidencia un hombre que no es funcional a los intereses corporativos de los grupos económicos concentrados.
El pueblo argentino mediante el sufragio pudo elegir Presidente, Gobernadores o Intendentes. Lo que no pudimos fue alterar las lógicas de financiamiento del modelo de acumulación y distribución de la riqueza nacional en el que el Estado juega un papel central como quedó demostrado en las transformaciones de la dictadura y los 90, donde el Estado fue el garante de los negocios de los sectores oligárquicos del campo, de la industria, las finanzas y los servicios.
Fue un Estado que favoreció la concentración y extranjerización de los medios de producción, que aumentó ganancias privadas vía pérdida salarial y desocupación y que implementó una política impositiva de incentivos directos y subsidios al capital. Un Estado que orientó la producción al exterior y fue funcional al nuevo orden, que nos reservó el papel de productores de alimentos y de mano de obra barata, para las industrias contaminantes, rechazadas en sus países de origen, pero toleradas por las elites locales, siempre dispuestas a cambiar buenos negocios por medio ambiente. Un Estado que gobernado por los intereses económicos de los sectores dominantes, compartió con ellos un diseño de país que llevaron adelante gran parte de los actores de la vida polít ica argentina.
El modelo sindical fue un actor central. Devenido en sindicalismo empresario, se asumió en la lógica del mercado, tuvo un lugar para gerenciar el nuevo modelo que condenó a millones de trabajadores a la desocupación, pero salvó aparatos y dotó de poderosas estructuras financieras a quienes los conducían.
Este sindicalismo decidió adaptarse a la reestructuración política y económica en marcha mediante convenios a la baja aprobados a nivel cupular, participación accionaria en las empresas privatizadas, transformación del derecho de los trabajadores en cuentas bancarias individuales, como en el régimen previsional y el de las ART. También a través de la eliminación de delegados echados de fábricas, el no reconocimiento de listas opositoras y la centralización del destino del dinero proveniente de cuotas sindicales y las obras sociales.
A cambio obtenía el compromiso del poder económico y político dominante de no avanzar en la transformación democrática del modelo sindical ni disputar la rentabilidad empresaria.
Sin dudas el Estado gobernado por el neoliberalismo de los 90, transformó al Peronismo en el PJ y éste fue el vehículo político y electoral más importante del que se apropió el poder para impulsar el saqueo planificado. En las propias palabras del Ministro de Obras Públicas de Menem, el tristemente recordado Dromi cuando presentó la Ley de Reforma Administrativa y de privatización de empresas públicas: “Nada de lo que debe ser del Estado quedará en sus manos” profundizando así un camino de hondo sufrimiento para el pueblo argentino
El modelo económico que impuso el menemismo subordinó al justicialismo, y construyó una estructura política autoritaria y clientelar que traicionó el mandato del pueblo y de la historia peronista, y se alineó por contenido y acciones de gobierno con las clases dominantes que lo habían combatido por ser el hecho maldito del país burgués.
El sindicalismo empresario y el PJ dominaron el aparato del Estado y fueron garantes del modelo con su control de las políticas públicas que nos llevaron a ser un país de hambre en un país hecho de pan y alimentos, el país de la intemperie para niños y ancianos, un país con fábricas cerradas y con un Estado que abandona a las mayorías sin siquiera garantizar un mínimo de salud y educación para el pueblo.
Un país que es humillado por la frivolidad de sus dirigentes, y la fiesta consumista de lujos y placeres de sus elites políticas y económicas. El país de la corrupción y del “todo da igual”, el de la represión y la desmemoria de los asesinados por la dictadura y por el gatillo fácil por portación de cara y pobreza. Un país que comienza a descreer de sus propias posibilidades como pueblo.
Esto que venimos relatando, nos remite a la lucha contra los sectores dominantes, nos hace valorizar aún más ésta etapa y el gobierno de Kirchner que nos brinda la posibilidad de salir de la derrota como pueblo y como Nación.
Kirchner asume en ese escenario político de crisis de paradigmas y en un país atravesado por los modelos de sociedades que se nos impusieron a partir del golpe del 76 y de democracias formales gobernadas por el poder económico.
Y lo hace en un contexto de ofensiva popular en el que, si bien no pudimos articular una respuesta unitaria para asumir nosotros el desafío de resolverla, la movilización tenía vitalidad y había sido protagonista central de la resistencia popular. Trabajadores sindicalizados en la CTA, MTA, movimientos sociales, organismos de derechos humanos, estudiantes, pequeños empresarios, agricultores desplazados por el complejo sojero, ahorristas expropiados, sectores medios profesionales, actores de experiencias políticas de resistencia viejas y nuevas, el propio Kirchner, desde Santa Cruz, todos fuimos protagonistas.
El nuevo gobierno se hace cargo de un país desvastado, con una alarmante desocupación, con más del 40% de la población bajo la línea de pobreza, con una transferencia al sector privado de activos estatales clave en el desarrollo estratégico de un país que había definido un Estado para pobres y otro para ricos con un funcionamiento del mercado disociado del destino del pueblo y el interés de la Nación.
Y en ese marco el Presidente Kirchner avanza claramente en relación a la defensa de los Derechos Humanos, la lucha contra la desocupación y la pobreza, la distribución de la riqueza, la recuperación de herramientas claves para el Estado, la calidad democrática, la seguridad social Y así lo muestran la renovación de la Corte Suprema de Justicia y la posterior reducción de sus miembros, la apertura a la participación social en la designación de sus magistrados, el desmantelamiento de la ESMA, la nulidad de las leyes de olvido, la remoción de las cúpulas militares y de las fuerzas de seguridad.
Las políticas de creación de empleo, el restablecimiento del Consejo del salario, la disminución de la desocupación, la disminución de la pobreza, el sistema de libre opción jubilatoria privilegiando el sistema de reparto, la creación del Fondo de garantías para el pago de las jubilaciones a través del sistema estatal o de reparto
Las retenciones a las exportaciones, los planes y programas sociales, de construcción de viviendas, escuelas, hospitales...
La creación de ENARSA, de AYSA, la recuperación de los Astilleros, de Tandanor, el Correo, los Ferrocarriles, la construcción de la central termoeléctrica en Río Turbio, los acuerdos energéticos con Bolivia y Venezuela en el marco de la integración energética como herramienta geoestratégica, el Plan nuclear, la terminación de Atucha II
La reestructuración de la deuda externa, la recuperación de la soberanía en las decisiones políticas frente a los organismos internacionales de crédito, la mayor inversión en ciencia y tecnología, el crecimiento del número de becarios e investigadores, la recuperación salarial del personal docente y no docente de las universidades nacionales.
Las leyes de educación técnica, de educación sexual, de garantía de piso salarial nacional a los docentes, la nueva ley de educación nacional, la recuperación del 82% en las jubilaciones docentes y del 85% en las jubilaciones de científicos e investigadores
El entierro del ALCA; la fuerte apuesta a la consolidación del MERCOSUR, el proyecto de creación del Banco del Sur y el gasoducto sudamericano
De aquellas derrotas venimos, levantando viejas y nuevas banderas y asumiendo con renovada fuerza el debate y las tareas de la etapa.
Debemos continuar desmontando el orden que se estableció en la dictadura y en los 90 y construir herramientas para profundizar la distribución del ingreso, consolidar la soberanía nacional, avanzar en democracia y participación, por la efectiva vigencia de los derechos humanos, por la verdad y la justicia.
Debemos reconstruir un Estado al servicio de los intereses nacionales y populares y la cuestión no se resuelve por decreto ni con un simple voluntarismo de quienes tienen funciones en el aparato estatal. Es necesario aumentar la participación popular en el Estado para que cumpla con su función de guardián de los bienes públicos pero también de custodio de la efectiva vigencia de los derechos de los sectores populares
Desde el Frente estamos comprometidos en la tarea. Y estamos construyendo esta fuerza cuando apostamos a seguir construyendo la Central promoviendo la participación de los trabajadores con empleo y también cuando apostamos al desarrollo territorial que define otro tipo de identidad en un colectivo social con necesidades, protagonismos, cultura, símbolos, discursos y practicas propias cuyo medio fue drásticamente alterado por el modelo neoliberal, todo lo que aporta a la solidaridad entre la clase trabajadora y el pueblo en su conjunto.
Y esa tarea la venimos realizando de manera cotidiana, con acciones concretas que intentan resolver los problemas a través de distintas prácticas como la construcción de viviendas populares, en cooperativas, que nos permite recuperar el protagonismo de los compañeros, la construcción de veredas y cloacas, el desmalezamiento de arroyos y las zanjas, la construcción de centros de integración comunitaria.
El debate y la decisión del Presidente de instalar como prioridad el tema educativo y la campaña para eliminar el analfabetismo, nos permitió también desarrollar los centros de alfabetización en los que cientos de jóvenes y mayores con el esfuerzo voluntario de los alfabetizadores realizan esa acción en las propias casas de los compañeros. Los foros que realizamos para prevenir adicciones, la convocatoria del plenario de salud, nos permite ingresar al desarrollo territorial, con fuertes iniciativas El desarrollo de las cooperativas textiles creando más de 1000 puestos de trabajo, los centros de trabajo y formación en oficios y los proyectos productivos que pudimos concretar son respuestas que aunque parciales resultan importantes, entusiasman a los compañeros y le dan esperanzas para sumarse y compartir la con strucción de nuestro proyecto
Por todo esto, hoy ratificamos nuestra construcción, junto al Presidente Kirchner, porque en éstos cuatro años de gestión, no abandonó ni sus reivindicaciones, ni sus ideales, para construir una sociedad mejor.
En este Tercer Congreso ratificamos los hitos fundantes de nuestra fuerza política
Construir CTA:
Ninguna estrategia de construcción de un movimiento político de transformación como el que estamos convocando puede dejar de explicitar una estrategia para la clase trabajadora y la necesaria construcción de un nuevo modelo sindical.
En ese camino ratificamos nuestra pertenencia a la CTA y nuestro compromiso para desarrollar en todos los frentes de trabajo su crecimiento y consolidación.
En definición, que la nueva fábrica es el barrio, se ubica nuestra mayor responsabilidad de trabajo.
Nosotros estamos comprometidos con la nueva etapa que vive la CTA y somos parte activa de la conducción de la CTA, legitimada por el voto de los trabajadores en la última elección nacional y que define un nuevo tiempo en la conducción política y en la organización de la misma.
Debemos promover nuestra participación en cada mesa local, provincial y áreas estratégicas que impulsa la CTA.
Priorizar nuestra incorporación a la juventud, a la Secretaria de Género a la Federación de Salud, al área de Educación y Energía.
Convocar a todos nuestros compañeros que tienen construcción en nuestro territorio para impulsar la construcción de las CTA BARRIALES de acuerdo a lo resuelto orgánicamente en nuestro último congreso de la CTA en Mar del Plata.
Incorporarnos masivamente a la campaña por la Libertad y la Democracia Sindical esclareciendo sobre el fallo de la OIT que exige al Gobierno Argentino el reconocimiento a nuestra Central de Trabajadores.
Incorporarnos como organización a la discusión de la política internacional.
Alimentar todo debate y acciones que plantean la recuperación del trabajo, el salario, la salud, la educación y la vivienda, el sistema de seguridad social y la democratización de la estructura sindical Argentina, fomentar prácticas unitarias en el Movimiento Sindical, sobre la base de garantizar mayor distribución de la riqueza que generamos en trabajadores, más democracia y soberanía nacional.
Fortalecer el Frente en el camino de la Unidad Popular:
• Ratificar nuestra decisión de construir el Frente Transversal en la necesidad de organizar un Movimiento Popular. • .
• Dejar abierta la definición sobre la estructura, ratificando que no somos un partido, ni un grupo piquetero y queremos construir una organización movimientista y social.
• Ratificar nuestra forma de organización amplia y horizontal convocando a sumarse a todos los que creen en los ejes fundacionales del Frente,
• Impulsar un Nuevo Modelo Sindical
• Impulsar la unidad continental, y nuestra decisión de incorporación al espacio de los Movimientos Sociales en el ALBA, en el Congreso Bolivariano de los Pueblos, al Foro de San Pablo y a la Alianza Social Continental.
• Sostener el proceso político en marcha, con el compañero Kirchner y Cristina presidente
• Sostener y profundizar nuestros acuerdos con el gobierno de Kirchner, participar activamente en la campaña del Frente para la Victoria
• Profundizar la unidad con los Movimientos Sociales, con los denominados sectores políticos que construyeron el espacio de la centro izquierda, la militancia peronista, y experiencias barriales y territoriales que reivindiquen el pensamiento nacional, popular y latinoamericano, para avanzar en más unidad.
• Poner en discusión pública las conclusiones de este Congreso en todas sus áreas estratégicas de desarrollo con los aportes de los congresales: Juventud, Género, Políticas sociales, Educación y Cultura, Prensa, Comunicación y Formación, Trabajo y Producción, Derechos Humanos, Pueblos Originarios y Migrantes, Rol del Estado y Construcción de Unidad Popular.
• Ofrecer el borrador de documento político más el aporte de los compañeros invitados a la comisión sobre Rol del Estado y sobre construcción de la Unidad Popular, más otras ponencias de éste Congreso como material para que sirva de base de discusión en plenarios locales, regionales y nacional para asumir la edificación de una nueva coalición política con unidad popular, necesaria para avanzar en un proceso de transformación social.
• Denunciar a la derecha económica, política, sindical y comunicacional que se rearman para detener el proceso político en marcha que nos quiere llevar a las lógicas perversas de un sistema impuesto por la dictadura y el mercado de los 90 que intentamos cambiar.
• Exigir la aparición con vida de Julio López, el juicio y el castigo a los responsables de los asesinatos en la dictadura y en la democracia y los pibes asesinados por el gatillo fácil de las fuerzas de seguridad.
