Por Fernando M. López

El presidente Hugo Chávez repitió que su país podría retirar la solicitud de ingreso al Mercosur, aunque esta vez le puso fecha a la advertencia. Venezuela esperará hasta septiembre la adhesión que frenan Brasil y Paraguay.

Llegó la hora de definiciones concretas en cuanto a las diferencias de enfoques que subsisten en el Mercado Común del Sur (Mercosur). Integración con un esquema de continuidad neoliberal, o integración de nuevo tipo, sobre bases estratégicas de transformación política, económica, social y cultural. Al menos, esa parece ser la disyuntiva instalada por presidente venezolano Hugo Chávez, al advertir que "si en un período de tres meses no se completa la adhesión de Venezuela al Mercosur tendremos que, lamentablemente, retirarnos definitivamente de dicha instancia internacional".

Chávez fijó el plazo este martes, durante un discurso en el Palacio de Miraflores, donde realizó un balance sobre su reciente gira por Rusia, Bielorrusia e Irán, además de referirse a la XXXIII Cumbre de Presidentes y Ministros de Economía del bloque sudamericano que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que se llevó a cabo en Asunción el pasado fin de semana.

El proceso de adhesión se encuentra paralizado en los congresos de Brasil y Paraguay, que deberían ratificar –tal como ya lo hicieron los congresos de Argentina y Uruguay- el protocolo suscripto en Caracas el 4 de julio de 2006 para que se concrete el ingreso de Venezuela con estatus pleno.

"Ha pasado un año desde que nosotros firmamos el protocolo de adhesión, ahora mismo no existe una razón ideológica, política, económica o de otra índole que nos impida formar parte de Mercosur", aseguró Chávez.

Sin embargo, la resistencia de la derecha brasileña y paraguaya ha impedido hasta el momento que se cumpla el acuerdo alcanzado entre los presidentes Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicanor Duarte Frutos, Tabaré Vázquez y Hugo Chávez para acelerar la ampliación del bloque con el objetivo de avanzar hacia la consolidación del proceso de integración de América del Sur.

El caso de los senadores brasileños fue el que ganó mayor espacio en los medios hegemónicos internacionales, por apropiarse del tema de Radio Caracas Televisión (RCTV) –que, por cierto, es ajeno a toda cuestión que tenga que ver con la integración regional- para frenar la ratificación del acuerdo multilateral y presionar de lleno con una política de clara injerencia en los asuntos internos de un país soberano. Estrategia que intentan imitar los legisladores de los partidos tradicionales uruguayos (Nacional y Colorado), con resultados adversos hasta el momento.

El senador Sergio Zambiassi, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta de Brasil y del Parlamento del Mercosur, se encargó de contestarle a Chávez en declaraciones formuladas poco después del discurso de Miraflores. "Así como Brasil no le impone plazos a los otros países, no aceptará ningún plazo determinado por nuestros hermanos del Mercosur", aseguró Zambiassi.

Pornsu parte, el canciller brasileño, Celso Amorim, prefirió esta vez bajar el tono de sus declaraciones y sólo se limitó a destacar que espera que Venezuela no abandone el proceso de adhesión al Mercosur porque su presencia enriquecerá la integración.

Vale recordar que Amorim había sido bastante duro la semana pasada cuando dijo que "quien quiere entrar en un club, primero acepta las reglas existentes y después intenta cambiarlas", en respuesta a las manifestaciones hechas por Chávez acerca de que su país no estaba interesado en el "viejo Mercosur". El canciller también reclamó luego un "gesto de buena voluntad" del gobierno bolivariano hacia el Congreso brasileño, cuestión que fue rechazada de plano por Chávez en su último discurso.

"El canciller de Brasil emitió una declaración que consideramos impertinente, diciendo que si Venezuela no se disculpaba sería muy difícil su ingreso. Venezuela no tiene nada de qué disculparse, es el Congreso de Brasil que tiene que disculparse por inmiscuirse en los asuntos internos de Venezuela", enfatizó el mandatario.

En el mismo acto, Chávez aprovechó para ratificar su posición a favor de una reformulación de las estructuras del Mercosur para alcanzar una integración de nuevo tipo. Por eso mismo, volvió a subordinar el ingreso de Venezuela a que "se considere hacer cambios dentro de esa instancia, que se formó en el seno del neoliberalismo y terminó por convertirse en una forma más de agrupar elites y poderes empresariales; de forma que la integración de los pueblos quedan relegadas al último lugar".

La advertencia no está de más y llega en el momento justo en que las fuerzas reaccionarias de América del Sur se rearman con el oxígeno que les proporcionó la gira latinoamericana del presidente estadounidense George W. Bush en marzo último.

El objetivo de estos sectores es, sin duda, preservar las estructuras neoliberales del bloque para facilitar los planes de Estados Unidos y las corporaciones transnacionales de convertir a la región en campo de abastecimiento de materias primas para mantener los altos niveles de derroche energético de los países desarrollados. La alianza entre Brasilia y Washington por los agrocombustibles va en esa dirección, y pretende involucrar al resto de los socios sudamericanos.

Un eventual retiro de Venezuela del Mercosur por el bloqueo de los congresos brasileño y paraguayo comprometería seriamente el proceso de integración y generaría un antecedente negativo para la ampliación que se proyecta con las incorporaciones de Bolivia y Ecuador, países andinos que también apoyan la reformulación de la unión aduanera.

Por eso mismo, el presidente Hugo Chávez plantea con su advertencia que los socios del Mercosur tienen dos caminos para elegir en el corto plazo: integración con un esquema de continuidad neoliberal o integración de nuevo tipo.

El dilema no es menor. La segunda opción abre enormes expectativas para transformar el destino de la región con políticas estratégicas de recuperación y control de los recursos naturales y energéticos, mayor participación popular y justicia social. La primera opción, en cambio, ahogaría al Mercosur en un nuevo período de explotación capitalista-imperialista.