Derecha feudal y derecha posmoderna chilena...apuntes para su comprensión.
Por Vicente Painel S.
Numerosas veces se ha mencionado la muerte de la Alianza por Chile (Derecha identificada con la dictadura de Pinochet) debido a su “incapacidad de proponer”, o su falta de “vocación de gobierno”, cuestión que se verificaría en las últimas encuestas en las que paradójicamente, al igual que la Concertación (Democracia Cristiana DC + Partido Socialista PS), luce en bajada. Estas afirmaciones son del todo incorrectas, pero es necesario preguntarse cómo se llega a aquellas hipótesis, una y otra vez derrotadas, dado los altos porcentajes electorales que “premian” a la “Alianza por Chile”.
Haciendo un análisis aproximativo afloran algunas luces. Primero, planteamientos de destacados profesionales de las ciencias sociales, manifiestan que nuestra derecha tradicional es heredera directa de las prácticas autoritarias y coloniales del imperio español sobre las tierras de Nuestra América. Sin embargo, se ha cometido (al criticarla) un erróneo desplazamiento de las categorías ideológicas que caracterizan a la derecha posmoderna, adosándolas artificialmente a ésta derecha medieval, feudal o colonial; pues ésta, y aquí está el punto, sigue siendo medieval, no posmoderna; su ethos (“principio” vital) medieval-colonial-feudal sigue circulando por sus arterias.
¿Dónde entonces la derecha posmoderna? Respuesta: La Concertación. Todas las premisas que se identifican con exactitud en la esfera óntica (“el ser”) del postmodernismo, se encuentran en el discurso de los políticos de la Concertación: el relativismo, la unidimensionalidad, la incuestionabilidad de los axiomas neoliberales, son patrimonio de la Concertación. Entonces, si hay derecha posmoderna en Chile, ésa es la Concertación, no la Alianza por Chile.
Segundo, se plantea que el no entendimiento de la DC y la Unidad Popular (UP), en el periodo 1970-73, culminaría en el golpe militar. Esto es un argumento insuficiente, ya que si bien pretende justificar la existencia de la Concertación, no logra explicar el por qué de un golpe y una dictadura militar. Está suficientemente demostrado, incluso de los archivos desclasificados de la CIA se puede desprender la misma conclusión, que los Golpes de Estado en la América Latina, luego de la mitad del siglo XX, fueron decisión de Estados Unidos, independiente de si hubiese o no mayoría democrática, independiente de si se tratara de gobiernos civiles de derecha, centro o izquierda. Prueba de ello, es que al único gobierno propiamente de izquierda (en estricto rigor) que derriban las dictaduras militares es el del Presidente Dr. Salvador Allende; todos los demás son gobiernos de centro o de derecha, algunos inclusive abiertamente represivos, como el de Isabel de Perón, son derribados por dictaduras militares. Esta resolución geopolítica estadounidense, se venía fraguando desde la creación de la “Escuela de las Américas”, y se implementa a partir de la derrota político-militar de los norteamericanos en Vietnam, lo que los llevo a: 1) Retirada de Vietnam 2) Represión política al movimiento de los derechos civiles y afroamericanos en EEUU 3) Instauración de las dictaduras militares en América Latina 4) Contra ofensiva con el triángulo Reagan-Tatcher-Pinochet y la implementación del neoliberalismo. Prueba de esta supra-decisión geoestratégica que establecía línea autónoma de las contradicciones internas de los países, y entre los países, es el Plan Cóndor. Es por esto que sectores sensatos de las sociedades dependientes se plantearon la lucha armada como un procedimiento realista para la liberación nacional de las taras histórico-estructurales de nuestras sociedades. En Chile, prueba de lo mismo, son las reflexiones de los sectores laicos que parieron a los principales dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR, y a la Juventud Radical Revolucionaria. Por otro lado, el movimiento de Cristianos por el Socialismo y sindicalistas cristianos revolucionarios, en tanto escisiones del social-cristianismo, son muestra de lo mismo.
En síntesis, el desarrollo de la “Escuela de las Américas”, a mediados del siglo XX, no sugería otra cosa si no la decisión geoestratégica de EEUU de asegurarse su patio trasero mediante el concurso de las ramas armadas de cada país dependiente. Para esto, se abocó al entrenamiento de las mismas, procediendo a homogenizarlas con la doctrina de Seguridad Nacional.
Finalmente, algunos “intelectuales” críticos, desnudan el congelamiento de los componentes progresistas en que ha incurrido la Concertación, develan magistralmente las debilidades de la misma desde el enfoque democratizador, y exponen significativamente las injusticias nodales por las que atraviesa el país. Sin embargo, queda una duda: ¿Cuál es la razón de que la Concertación siga ganando las elecciones?, asunto relevante para completar la polémica; asunto que los “intelectuales” “críticos” nunca mencionan.
Revisemos algunas razones dadas: La fortaleza moral de la Concertación frente al demonio dictatorial -Ya no es suficiente, pues hace aguas como alianza nacida de una supuesta convergencia ética humanista (la corrupción es quizás la manifestación más patente de este problema basal)-. El argumento del mal menor -Tampoco, pues la Concertación no puede ser menos neoliberal que la Alianza por Chile, sólo basta hacer un seguimiento a las argumentaciones de los ministros de hacienda de la Concertación para comprobarlo-. Que la izquierda les suma los puntos necesarios para el triunfo en las segundas vueltas presidenciales -Tampoco, hoy por hoy el Partido Comunista saca tan ínfimo porcentaje que no alcanza para avalar aquella hipótesis-. Una respuesta aproximativa mucho más realista es: La derecha medieval, la derecha feudal, la tradicional derecha chilena, permite que gane la Concertación; la Concertación lo sabe y le gusta. De ahí la simbiosis inevitable. Definitivamente, hay un alto porcentaje de estos políticos medievales que se sienten tremendamente cómodos con un ejecutivo de la Concertación y un porcentaje suficiente de derecha medieval en el parlamento, que imposibilite el descarrilamiento del fundo, evitando una “reforma agraria de la política”, obstaculizando que se cuestione la Constitución y las privatizaciones de la esfera social acontecidas en Chile desde Pinochet y consolidadas eficiente y efectivamente por la Concertación.
Entonces, por qué creo que algunos se esfuerzan tanto en hacer ver “la Alianza por Chile” como un enfermo terminal. Porque ése es su deseo, un deseo que compartimos, pero diferimos en que nos parece mucho más realista pensar que la Alianza por Chile (o el nombre de que ésta se dote), estará lejos de ser superada históricamente, mientras se siga operando la tradicional convicción de que el arte de la política consiste en ganar el centro. Mientras los críticos a un modelo organizado en torno a los intereses de las transnacionales (y no de los ciudadanos), los que piensan que de una vez por todas las lógicas “mayorazgas y de títulos de nobleza” deben ser derogados, sigan apostando a convencer racionalmente a la Concertación de que el camino posmoderno es errado, que la historia no se acabó y que las transnacionales no son el único mundo posible, seguirá robusta la Derecha medieval y feudal, perfilando sus anacrónicas creencias en nuestra sociedad. Y es que la Concertación no cambiara por mucho que se le someta a concienzudo comprobatorio, ni se gaste en ella un prolijo psicoanálisis.
¿Qué hacer?; Desde mi modesta impresión, es necesario un Naranjazo. La única ocasión en que la derecha feudal sufrió un repliegue a la magnitud de esfumarse del parlamento, fue cuando apareció una izquierda revolucionaria de tal poder electoral que fue capaz de ganarle en su propio territorio, lo que provocó el pánico en la derecha feudal a tal punto, que la hizo renunciar a su participación electoral y volcarse al centro DC, para evitar el triunfo de Allende (El Naranjazo es la sorprendente victoria electoral del socialista Oscar Naranjo en Curico frente a la derecha feudal, previa a las elecciones presidenciales de 1964 en que ganó el DC Frei Montalva). Desde esta consideración, si de barrer el medioevo de Chile se trata, la apuesta, aunque difícil en temporalidad política, es la formación de una izquierda revolucionaria, radical, intercultural, multitudinaria y electoral, que se levante como oposición a la Concertación, posicionándola a ésta a su vez, en el lugar que le corresponde, superando así por fin a la mayorazga herencia medieval de la política. Si nace la izquierda del siglo XXI en Chile, el tablero se corre, y lo feudal-medieval cae del presente ...Y así Chile podrá afrontar por fin el dignificante desafió de la integración en Comunidad Suramericana de Naciones, cuestión aun pendiente, porque en el esquema binominal hegemónico (por muy perfeccionado o reformado que prometan dejarlo) Chile seguirá atrapado en el dominio estadounidense... y ni a la Concertación ni a la Alianza por Chile les interesa liberarse de tal posición yanacona.

forococtelera dijo
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11 Abril 2007 | 12:18 AM