ADOLFO Franco, el funcionario quien administra los fondos latinoamericanos de la USAID por cuenta de los padrinos de la mafia cubanoamericana, llegó a disimular casi por completo el paradero de los 654 millones de dólares regalados por este fondo federal en una década.

Lo revela, en términos bien burocráticos, el informe del GAO. Pero este documento evita, sin embargo, formular en claro la pregunta esencial: ¿Adónde fueron a parar los millones así “desaparecidos”?

Al leer detalladamente el informe de unas 50 páginas, se descubre un número de informaciones, a menudo escondidas bajo una espesa capa de retórica, que revela la existencia de una verdadera red de fraude que, más allá de los pequeños estafadores que dan la cara para justificar sus compras de chocolate, tiene que extenderse hasta mucho más arriba, donde están los que concibieron este ingenioso sistema para repartirse billetes.

Primera revelación del estudio contable: más del 95%, es decir, casi la totalidad, de los 654 millones —no estamos hablando de centavos— fueron atribuidos “en respuesta a propuestas no solicitadas”. En claro: fueron regalados sin licitaciones.

Peor, mucho peor aún. “USAID modificó más de los dos tercios de sus 40 contrataciones, subiendo en ocho veces los costos estimados de aquellos programas — desde unos 6 millones hasta 50 millones — y extendiendo las fechas de terminación en un promedio de tres años”, explica el texto.

Es decir que los socios — ¿quién más presentará “propuestas no solicitadas”? — no sólo tuvieron que enfrentar un concurso público sino que se les aumentó el subsidio monetario y se les prolongó el contrato sin que tengan que pedirlo.

La USAID sí exige que sus contratados demuestren su capacidad real de emprender sus tareas y prevé una forma de detección de los estafadores. Pero, en el caso de Cuba, las cosas son aparentemente bien distintas. Según el GAO, en cuatro de ocho beneficiarios revisados, las informaciones reclamadas fueron entregadas después del otorgamiento del subsidio.

Las debidas auditorias, por supuesto, son realizadas con la misma técnica: el reporte señala un caso donde sólo se encontraron “unas facturas y balances bancarios”.

Tan profesionales son los funcionarios de Franco que tuvieron que confesar al GAO que todos los contratos son la obra de un programa informático generador de documentos (document generating software) que se encarga del ritual bla bla bla. Después de todo, solo se trata de millones.

El GAO no tiene otro remedio que observar que la USAID, imponente organismo federal que lanza millones por todo el planeta, NO tiene procedimiento formal de monitoreo de sus subsidiados que, por cierto, no se quejan de esa omisión. La USAID tan sólo reclama “un informe financiero de una cuartilla”, cada tres meses.

En cuanto a las visitas de funcionarios de la USAID a los que engorda, el informe revela que duran minutos y se hacen según los vientos que con mucha moderación sopla el amigo Adolfo quien, de manera evidente, detesta molestar a su clientela. Después de todo, son amigos personales en muchos casos.

La lista de las vicisitudes de la Agencia norteamericana para el desarrollo internacional, descritas por el GAO, se extiende así para concluir diplomáticamente: “En el contexto de las recientes recomendaciones para aumentar el financiamiento de la asistencia para la democracia en Cuba, concluimos que los esfuerzos del Gobierno de EE.UU. para apoyar un cambio político democrático enfrenta varios desafíos significativos”. Lo ridículo no mata, dice el refrán.

NO SE ESFUMARON SOLO EN CHOCOLATE

De lo que filtra por distintas vías en Miami, entre los gordos de la nomenclatura mafiosa encargados de desaparecer los millones a grandes cucharadas, se encuentran:

• El ICCAS de la Universidad de Miami, del ex analista CIA Jaime Suchlicki, hijo privilegiado de la corporación Bacardí, que recoge alegremente más de 7 millones.

• El Grupo de Apoyo a la Democracia de Frank Hernández Trujillo, un ex miembro de las Special Cuban Units del Ejército norteamericano, se encarga de lavar más de 6 millones;

• El Centro para una Cuba Libre del veterano agente CIA Frank Calzón, ex mercenario de Alpha 66 y Abdala, ingurgita más de 5 millones;

• El Directorio Democrático Cubano de Orlando Gutierrez-Boronat, ex miembro de la Organización para la Liberación de Cuba, sigue con 3 millones.

Siguen luego los amiguitos que Franco, generoso, engrasa con moneditas que le sobran.

• La Creighton University Law School, donde se graduó hace unas decadas, recibió 750 000 dólares para un estudio de fantasia sobre la devolución de propriedades en Cuba.

• El Consorcio de Mississippi para el Desarrollo Internacional (MCID, por sus siglas en inglés) donde se apareció el socio de Franco, el playboy Ramón Colas — después de tener su problemita con la FNCA — también recibió oportunamente una donación similar para organizar “cursos” en Cuba, El disidente profesional Oswaldo Paya terminó con 1 000 dólares de salario para su colaboración, una limosna regalada al terminarse el ciclo de 8 cursos.

• Al final de la lista, aparecen unos “activistas” perfectamente desconocidos tales cómo Juan Carlos Acosta, autotitulado “Presidente de Acción Democrática Cubana” que servirá de chivo expiatorio con su compra, confesada al Miami Herald, de una caja de bombones de chocolate inglés Godiva de 35 dólares la libra y de unos cuantos objetos insolitos.

Pero los 65.4 millones del mago cubanoamericano Adolfo Franco no se esfumaron en pacotilla.

Entre 1996 y el 2005, muestra un grafico del informe, doce supuestas ONG “con enfoque regional o mundial” recibieron unos 20 millones de dólares que se llevaron hacia sus respectivos mercados propagandísticos.

No es por gusto que Robert Ménard, el dueño megalómano de Reporteros sin Fronteras, dispone de una oficina en Nueva York, una firma contadora en Virginia, a minutos del bunker de la CIA, y de una cuenta bancaria a la cual él solo tiene acceso. La ONG People in Need, también famosa por sus campañas anticubanas, dispone de igual estratagema.

Para completar la estafa de nivel Abramoff, la USAID dispara billetes en la cuenta de la Nacional Endowment for Democracy (IRI) y de la Internacional Republican Institute (IRI) que sí tienen trituradores de papel a la hora de enfrentar la ley de acceso a la información.

Supremo refinamiento del método Franco, el informe del GAO se sorprende al observar que USAID no tiene un enlace formal como se esperaba con la Sección de Intereses norteamericanos (SINA), la representación supuestamente diplomática de EE.UU. en La Habana. De tal forma que los 50 agentes de Bush en Cuba se quedan perfectamente desinformados sobre el flujo de billetes que viajan de Washington a Miami, a menudo ida y vuelta.

UNA FOTO VALE MIL PALABRAS

Una foto publicada por el sitio web de la USAID en marzo del 2005, muestra a Franco regalando 1 045 000 dólares a su socio Jaime Suchlicki, de la Universidad de Miami, para un proyecto sobre la "transición" en Cuba del cual nadie ha oído hablar luego. A su lado, se encuentran la congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, con su sonrisa colgate que conforma su imagen comercial, Suchlicki y Luis Glaser, un funcionario de la institución.

Al leer el documento del GAO, Ana Menéndez, columnista de The Miami Herald comentó: "Cualquiera con dos dedos de frente ya sospechaba desde hace mucho que estos esquemas anticastristas no son poco más que fondos para sobornos políticos o propaganda corruptiva para recompensar al leal y pacificar al rabioso o disgustado”.

Puede ser. Pero “cualquiera con dos dedos de frente” sospechará que Ileana Ros-Lehtinen y sus gemelos congresistas, los hermanos Lincoln y Mario Diaz-Balart, el ahora senador Mel Martínez, los ex tenores del anticastrismo en el Departamento de Estado Otto Reich y Roger Noriega, así como su personal del Cuban Liberty Council, que con creciente frenesí reclaman fondos a sus aliados de la Casa Blanca, todos tienen que “multar” la maná celestial que ellos mismos generaron.